Biblioteca Becquer

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La Taberna del Pergamino

Año 1588

Hay en el viejo Madrid, el Madrid de calles empedradas y estrechas cerca de la Plaza Mayor, una pequeña taberna donde al caer la noche se reúnen comediantes, músicos y poetas para gozar de los placeres de la vida y descansar de las fatigas del día.

Es la Taberna del Pergamino. Se cuenta que en sus mesas el humo del tabaco de las indias se mezcla con los sonetos, las horas se llenan de historias, de baladas y de licores...esta noche están todos... ¡venid!...acerquémonos a la puerta, entremos y veamos lo que traman los hijos de las musas.

La puerta de madera de tejo carcomida por los años. Sobre el arco de piedra cuelga un cartel de hierro donde en letras artesanas se puede leer El Pergamino. Taberna y Posada. Desde las ventanas se escapa la luz de los faroles y las velas a la calle sombría y aun se escucha el murmullo y las carcajadas.
Abrimos. Al entrar un alegre tumulto de voces y ajetreos nos recibe. Las doncellas y busconas van y vienen con jarras espumosas y platos humeantes sacados de la lumbre. Alfonso, el tabernero, vocifera orgulloso tras el mostrador. Los laúdes suenan como luchando contra el bullicio, dando un extraño color dorado al aire. Las mesas abarrotadas de lugareños, curiosos y viajeros. Allí, unos juegan a los dados, allí otros ríen y los más, preparan sus representaciones o dan los últimos retoques a su obra maestra...

...un anciano de luengas barbas fuma en una mesa cercana a la chimenea. Aunque nadie lo sospecha, en su tiempo fue capitán de galeón. Le llamaban El Verdugo de isla Tortuga pues con su galeón había ajusticiado más de veinte piratas ingleses. Ahora, mira las llamas bailar, recordando viejos tiempos, cuando un joven estudiante se sienta a su lado apresuradamente y oculta su cara entre las manos mientras habla.
- ¡Oh, viejo Eliam, esta noche llevo dentro un gran dolor! He de confesar desesperado que no puedo con mi rabia - se lamenta el joven.
- ¿Cómo se llama ella? - pregunta el anciano sin mirarle.
- ¡Maldita sea! Adalia, la hija del herrero - dice el estudiante.
- ¡Ah, mujeres! Sólo saben rompernos el alma. Nunca te enamores de ellas - le aconseja el anciano
- Ya es tarde, mi voluntad es suya. Me está volviendo loco, me está matando - dice el estudiante
- Hay amores que matan. Considéralo otro amor perdido. Olvídala. - dice el viejo dejando escapar el humo.
- ¡No! debéis ayudarme, necesito una carta de amor, una carta con la que caiga en mis brazos.
- Tenéis dinero
El joven muestra doce reales sobre la mesa.
-Esta bien ¿Cómo es ella? - pregunta Eliam recogiendo las monedas.
-¡Oh, es mas hermosa que el cielo! Pero orgullosa y terca como una mula. Es más fácil alcanzar la luna que su corazón. Un mes hace que la persigo como el perro a su amo y aún no he conseguido de ella ni rozar sus labios- dice melancólico el estudiante.
- Tendréis vuestra carta de amor pero no os prometo nada. Volved en dos horas- dice el anciano.
- Así lo haré - y recogiendo sus libros el estudiante se aleja hacia la puerta.

... no muy lejos...

- ¡Demonios! No puedo escribir si estoy sobrio! - dice Román.
Román componía un soneto rodeado de pergaminos emborronados y jarras vacías, con la pluma en su mano manchada de tinta.
- ¡Otra cerveza! - grita Román
Una jarra rebosante se desliza volando seguida de un robusto brazo de mujer y apenas lo ve, el poeta lo bebe de un trago y mira al techo de la taberna invocando...

¡Oh Musas de la inspiración trágica! si de verdad existís si vuestra magia es cierta venid a prestarme auxilio.

Román escribe un primer verso.

Una luz en su mirada - recita para si mismo.
- ¡Beltrán! - llama Román a su hermano que yace borracho, apoyado sobre la mesa - decidme algo que rime con mirada.
Beltrán levanta perezosamente la cabeza mascullando con torpe pronunciación.
- Ceeebaada
- Sois un imbécil. Volved a dormir - Román lleva la pluma al tintero y compone el segundo verso...

...de pronto la música cesa, y Álvarez, para muchos el mas grande comediante de todos los tiempos, se alza en pie sobre una mesa y las conversaciones y las risas se apagan lentamente, pues todos saben que se dispone a recitar, a representar algún acto o escena que sin duda merece ser presenciado.
- Amigos - comienza Álvarez - ¿Qué es ser poeta, ser comediante, ser trovador? Es vagar libre por la Tierra, sin más monedas que las que el hambre precisa, es dudar de todo cuanto existe, no tener más señor que nuestra voluntad ni mayor maestro que nuestra razón, es pensar que cada anochecer puede ser el último, es tener por fieles compañeros al orgullo, la soledad y la espada, es contemplar las estrellas cuando todos duermen, es tener por casa nuestra capa y por techo el cielo del lugar donde dormimos, es conquistar el mundo con la palabra y recibir el aplauso de la platea como moneda mas preciada, es viajar sin rumbo a donde nuestros pasos nos lleven...cada mañana se alza el telón y comienza un nuevo acto de la comedia. No importa si el papel que el destino os ha ordenado representar es el de escudero, noble, mendigo o artesano, es vuestro papel y con ello basta, pero amigos, nosotros somos poetas, trovadores y comediantes...nuestro tesoro es nuestra alma.

Entonces todos callan y después, un romper de aplausos y vítores inunda la taberna y Álvarez salta de la mesa sonriente para seguir bebiendo.

Los dados ruedan sobre una mesa.
- Tres y seis - dice Lorenzo - yo gano.
- Es la cuarta vez que ganáis. Estáis seguro que esos dados no están embrujados - dice el Conde.
- No son los dados amigos, es mi mano. Acarician los dados con la misma maestría que acarician las cuerdas de mi laúd. Lanzar los dados es un arte- dice Lorenzo recogiendo sus ganancias.
- No decís mas que estupideces. ¡Todo o nada! - reta el Conde.
- Me temo que yo no juego más - dice Lorenzo levantándose.
- Si os vais de esta mesa con mi dinero os atravieso con la espada antes de que podáis res...- pero antes de poder terminar la frase Lorenzo desenvaina su espada como un rayo y apunta con el filo el cuello del bribón.
- Si vuestra espada es tan rápida y mortal como vuestra lengua, salid fuera y os enseñaré a respetar las reglas del juego - le desafía Lorenzo.
Hay un silencio.
- Podéis iros - murmura el bribón.

...en otra mesa...

Claudia se pasea por la taberna con medio pecho fuera del escote, haciendo honor al nombre de Venus que los poetas le dan y en verdad que es hermosa.
- Dicen que esta noche se verá con Álvarez, que ha pagado por sus favores algunos doblones de oro - comenta uno.
- ¡Álvarez no puede pagarle! - responde el otro.
- Yo mismo he visto como le daba las monedas - afirma
- Dichoso él entonces que la tendrá esta noche entre sus brazos. Brindemos por su suerte - dicen brindando por la belleza de la hermosa Claudia.
- ¿Os la imagináis desnuda? - dice
- Pero si ya viste casi como su madre la parió. Algunas noches, cuando se emborracha, sube a una mesa, deja caer su vestido y baila como dios la trajo al mundo hasta que pierde el equilibrio y cae sobre los brazos del afortunado, que después la sube a su alcoba a dormir la borrachera - dice el otro.

...mas tarde...

...la noche es vieja pero Guillén permanece solo en un rincón de la taberna, escribiendo, con la sombría llamarada de una vela. El tabernero, que recoge las jarras vacías de las mesas se acerca.
- ¿No dormiréis esta noche? - pregunta el tabernero.
- No, no dormiré. No deseo que las musas me sorprendan durmiendo - dice Guillén sin levantar la mirada.
- ¿Qué os traéis que os quita el sueño? - dice el tabernero
- Un drama para el señor Marcelo. Si no lo entrego mañana me hará colgar - dice Guillén.
- Entonces no os molesto - se aleja el tabernero.
Guillén queda solo en la taberna... lo dejamos aquí... estará escribiendo hasta el alba mientras el rasguido de su pluma rompe el silencio y a su alrededor todo Madrid duerme.

© Miguel Ángel F. G. - Todos los derechos reservados.

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