Biblioteca Becquer

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Literatura Fantástica y Espiritualidad

Gran Bisonte de la Cueva de Altamira

Gran Bisonte de la Cueva de Altamira

Fue en la prehistoria cuando los hombres comenzamos a utilizar signos y relieves para expresar nuestros deseos, nuestros miedos y nuestros sueños. Pinturas sobre los muros de viejas cavernas (como las pinturas de Altamira) creadas con sangre de animales, cenizas y barro y relieves extraños sobre piedras en mitad de los bosques, nos descubren el profundo y en gran parte oculto lenguaje ritual de nuestros antepasados. Ya entonces el arte poseía ante todo una función espiritual. El hombre buscaba con sus obras apaciguar a los espíritus de la naturaleza, alabar la grandeza del paisaje que les rodeaba, solicitar a los dioses un clima apacible y una caza abundante. Por lo tanto el arte tiene en su esencia, en su origen, una función claramente espiritual que ha ido evolucionando a lo largo de la historia.

Fue en la antigüedad cuando el hombre escribió las primeras palabras. Posiblemente sobre una tablilla de barro, de hierro o sobre un papiro de hojas. Comenzó entonces la historia de la literatura. Los hombres comenzaron a tejer historias en sus mentes; algunas de ellas historias fantásticas. Estas historias inventadas eran entretenidas y conmovedoras pero otras eran el profundo deseo de su autor de expresar su conocimiento de lo trascendental, de lo místico. Así mediante mitos, leyendas, parábolas, baladas, cuentos y poemas, los poetas antiguos y medievales intentaron expresar en sus obras fantásticas su espiritualidad.

La poesía incaica y azteca era cantada y bailada, los temas eran los héroes, la historia, la naturaleza, la vida y la muerte pero cargados de significación religiosa. Componían también hermosos himnos a los dioses: los cantos divinos teocuícatl y los jaillis sagrados. En la tradición celta se creía que los bardos (véase Ossián) tenían el poder de contactar con seres sobrenaturales y divinidades varias. Se decía que conocían los lugares donde éstos habitaban, lugares vedados al resto de los mortales. En sus poemas y leyendas desvelaban los secretos y la historia de los viejos dioses. También en la antigua Grecia los rapsodas (véase Hesiodo) entonaban poemas y baladas con los que describían a los dioses, sus vidas y sus costumbres. Los poetas griegos en ocasiones se encomendaban a Apolo o a las musas antes de iniciar sus cantos y les hacían ofrendas.

Ya en la edad media, al hojear una novela de caballería nos damos cuenta como el cristianismo, sus valores y sus ideales, sustentan y dan origen a gran parte de los lances que el caballero debe superar. Las leyendas y los poemas basados en milagros, apariciones y hazañas eran muy comunes. Su representación y lectura en los pueblos y aldeas por los trovadores o juglares contribuían a divulgar el evangelio.

En lugares como China o Japón la literatura también era reflejo de la espiritualidad de la época. Basta leer algunos viejos cuentos y mitos orientales, para entender como el budismo o el taoismo están detrás de cada argumento y como sus historias tratan de orientar al discípulo en su camino hacia la iluminación.

Mas tarde en el siglo XIX, alentados por el romanticismo, algunos autores y poetas se interesaron en lo sobrenatural. Se escribían obras basadas en los sueños e intuiciones de los autores que éstos interpretaban como visiones desveladoras. Se creía que el opio y otras sustancias alteraban la percepción, permitiéndoles alcanzar estados en los que era posible intuir o llegar a conocer elementos ocultos del mundo que les rodeaba. Otros escritores buscaban lugares sagrados y olvidados para escribir y encontrar ideas, quizás susurradas por las almas del mas allá. Catedrales, ruinas de viejos castillos, cementerios, bibliotecas olvidadas, bosques solitarios, se convirtieron en lugares habituales para pasear, componer, meditar y buscar la inspiración. Después la contemplación y lectura de las obras creadas de esta forma, serviría de nexo con lo divino.

Así la mística y la literatura emprendieron un camino común que llega hasta nuestros días. Son muchos los autores y los lectores que entendieron y entienden la literatura fantástica como un puente hacia lo divino, hacia el Creador, como una forma de acercarnos a lo que hay de incomprensible en nuestro mundo y de comprender el destino que nos aguarda tras la muerte. La literatura fantástica utiliza en sus obras elementos universales y símbolos atemporales que son reflejo de las inquietudes espirituales del hombre. Elementos como las nobles hazañas del Caballero Zifar, el fantasma del padre de Hamlet, los dioses Incas de las leyendas de Ricardo Palma, el Eureka de Poe, Gandalf el mago regresando de las tierras imperecederas tras la lucha contra el Balrog, la belleza inalcanzable en los ojos verdes de la Dama del agua en la leyenda de Bécquer, el diablo tentador del Fausto de Goethe, el genio protector del Menón de Voltaire llegado de una estrella lejana o El milagro secreto de Borges son elementos con los que algunos autores de literatura fantástica forjaron y siguen forjando hoy su fe, su espiritualidad o su esperanza sobre las páginas de sus obras literarias.

El profesor Tolkien expreso de este modo la relación entre la imaginación poética y la realidad universal:

"Llamas árbol a un árbol, sin detenerte a pensar que no era un árbol hasta que alguien le dio ese nombre. Llamas estrella a una estrella y dices que solo es una bola de materia describiendo un curso matemático. Pero eso es simplemente como la ves tú. Al nombrar y describir las cosas no estás más que inventando tus propios términos. Y así como el lenguaje es invención de objetos e ideas, el mito es invención de la verdad."

Como decían solemnemente los antiguos sabios y magos que estudiaron las estrellas y los cielos...

"Hay poderes que van mas allá de nuestra comprensión. Harían bien ustedes en no tomarse esto a broma".

Autor: Miguel Angel F. G.

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