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Homenaje a Alatriste y a los grandes aventureros de la historia de España

Alatriste

Alatriste

Este artículo esta dedicado a todos aquellos que aman la historia y la aventura.

Hubo una vez un imperio donde nunca se ponía el sol...

No, no es el inicio de un poema fabuloso, así comienza un periodo de la historia de España y una época para la historia del mundo. Cuando los reinos del norte de la Península Ibérica se unieron para reconquistar las tierras perdidas antaño, no sabían que estaban comenzando una epopeya que duraría cientos de años. La epopeya del Imperio Español, cuyas andanzas, hazañas y desventuras han dado lugar a innumerables volúmenes en las bibliotecas. Durante dos siglos la corona española extendió su actividad comercial a lo largo del mundo, los galeones dominaron los mares y los tercios los campos de batalla, los pintores, arquitectos y escritores deslumbraban a Europa, los ingenieros creaban los navíos mas veloces y las fortalezas inexpugnables y aunque no todo sea digno de contarse, como en la historia de cualquier pueblo, el Imperio Español es una época que determinó la realidad que hoy día conocemos. Recordar esa época, es recordar la historia del hombre.

El Capitán Alatriste

El Capitán Alatriste es una novela histórica de aventuras. Ese género que tantas pasiones y emociones despierta y que hace de la literatura un lugar lleno de buenos momentos. El Capitán Alatriste es, por meritos propios, un clásico de la literatura española.

Alatriste es un soldado de los tercios españoles, maestro de la espada y amigo de sus amigos. Sus historias, narradas por el genial Pérez Reverte, nos sumergen en un mundo heroico y trágico, tal cual debía ser la España del momento. Mientras el Imperio crecía como el sol al amanecer, las gentes de toda clase y condición vivían sus días y luchaban por abrirse camino. Algunos como Alatriste empuñaron un arma y se lanzaron a la gloria, a la fortuna y a la batalla. Algunos como Alatriste, quedaran por siempre en las páginas de la historia y la épica.

León Fandiño

En Septiembre de 1739 un capitán de guardacostas español, Juan León Fandiño, persiguió en los mares al buque corsario Rebbeca, al mando de Robert Jenkins. Cuando por fin le dio caza, Fandiño interrogó a Jenkins, le acusó de piratería y le hizo cortar a éste una oreja. Después le liberó y le entregó su barco diciéndole:

"Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve".

Este contundente y desafiante mensaje, era la excusa que largo tiempo estaba esperando Inglaterra para intentar acabar con el poderío español en América y por la cual, en Octubre de 1739 Inglaterra declara la guerra a España; guerra que sería conocida como "La oreja de Jenkins".

Blas de Lezo

Lezo protagonizó una de las mas grandes batallas navales que ha dado la historia. En el año 1741, una flota inglesa formada por mas de 180 navíos de guerra, las mas grande flota reunida por un solo país hasta el desembarco de Normandía, asedió y cañoneó sin descanso las fortaleza de San Felipe y Santiago en la heroica ciudad de Cartagena de Indias. Lezo y sus hombres se atrincheraron tras las murallas y repelieron el ataque inglés durante semanas, a pesar de que les superaban en miles de soldados y en cientos de piezas de artillería. Lentamente los barcos y los soldados ingleses fueron perdiendo efectivos.

Tan convencidos estaban los ingleses que tomarían la plaza de Cartagena de Indias que Vernon, su almirante, ordenó enviar un barco a tierras Inglesas con la noticia de que los españoles estaban a punto de rendir el lugar. El monarca Jorge II celebró por todo lo alto la victoria de su flota, haciendo tocar las campanas por todo Londres. Pero la victoria nunca llegó y la vergüenza de la celebración fue silenciada. Aquel día Blas de Lezo y unos pocos soldados españoles resistieron y vencieron a una fuerza 10 veces mayor. Esta gesta permitió a la corona Española mantener intacto su dominio al otro lado del atlántico y asestar a la armada inglesa la mas dura derrota de su historia.

Francisco de Orellana

Fue explorador y aventurero. En 1540, Gonzalo Pizarro llegó a Quito como gobernador y le fue encargado por Francisco Pizarro organizar una expedición hacia el este, en busca del País de la Canela. Orellana se unió a esta exploración y en sus viajes descubrió el Rió Amazonas en 1542.

Fue en este viaje que el Amazonas adquirió su nombre. Se cuenta que la expedición fue atacada por feroces mujeres guerreras, similares a las amazonas de la mitología griega, pero es posible que simplemente lucharan contra guerreros indígenas de pelo largo.

Pedro Mesia de la Cerda

Combate del Glorioso con el Darmouth de Ángel Cortellini

Combate del Glorioso con el Darmouth de Ángel Cortellini

Pedro Mesía será recordado por su hazaña como capitán al mando del navío El Glorioso. Un navío de 70 cañones que en 1747 regresaba de América con una carga en sus bodegas de gran valor. Sucesivamente y sin ayuda posible, se enfrentó a incontables navíos de guerra ingleses que le asediaron y cañonearon. Uno tras otro, fue hundiendo y dañando seriamente a los navíos que intentaron abordarlo. En las Azores rechazó el ataque del navío ingles Warwich, de 60 cañones, y la fragata Lark, de 44, a los que desmanteló. En Finisterre volvió a rechazar otro ataque de un navío de 60 cañones y dos fragatas de la escuela del almirante Byng, consiguiendo entrar en Corcubión y desembarcar su valiosa carga. Abandonó este puerto para dirigirse a Cádiz; a la altura del cabo San Vicente fue atacado sucesivamente por dos fragatas corsarias inglesas (King George y Prince Frederick) que tuvieron que retirarse destrozadas y 10 bajeles más que le daban caza, entre ellos el navío Darmouth de 50 cañones, el cual fue volado por lo aires.

Finalmente acosado por el Russel de 80 cañones, y 2 fragatas mas, Pedro Mesía y El Glorioso quedaron sin munición y claramente dañados, rindiendo la nave con 33 muertos y 130 heridos.

Por su proceder fue ascendido a jefe de escuadra, recibiendo también la llave de gentilhombre. En marzo de 1750 tomó el mando de una fuerza naval, destinada a combatir a los corsarios argelinos.

Juan Sebastián Elcano

Elcano ha entrado en la historia como el primer hombre que navegó dando la vuelta al mundo. Elcano se encontró con el dilema de crear nuevas rutas navegables desde Filipinas hasta tierras españolas. Llegó a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522 en la nao Victoria junto con otros 17 supervivientes. Esto constituyó el logro de una imponente hazaña: la circunnavegación de la Tierra.

El rey Carlos I de España le concedió como escudo una esfera del mundo con la leyenda en latín:

Primus circumdedisti me

"Fuiste el primero que me dio la vuelta".

Bernardo de Gálvez

Mapa

Este mapa del año 1792 contempla los dominios españoles en América del Norte. En rojo La Florida y California. En verde y amarillo Nuevo Méjico.

Militar y estratega de la Guerra de Indepencia de los Estados Unidos.

Durante esta guerra conquistó Nueva Orleans y tres fuertes más, con una sola baja entre sus soldados, lo que fue considerado una hazaña.

Con sus victorias sobre los territorios ingleses de Pensacola y Mobila fue uno de los principales impulsores y responsables de la debilidad militar y estratégica de la armada inglesa en la zona, apoyando activamente la independencia y creación de los Estados Unidos.

Fundó una ciudad en EE. UU con su nombre, Galveztown, hoy Galveston.

Cabalgó junto a George Washington el día del primer desfile de la independencia de los Estados Unidos, como reconocimiento a su labor. Actualmente puede visitarse una estatua en honor a Gálvez en Washington D.C.

Otros datos nos recuerdan la herencia española en EE.UU. como la bandera del estado de La Florida, que aún conserva la cruz de San Andrés representativa del Imperio español o el hecho de que la moneda española Real de a 8, fuera la primera moneda de curso legal en todo el territorio de EE.UU.

El Milagro de Empel

En el siglo XVI los soldados de los tercios españoles eran temidos en toda Europa. Maestros de la espada y diestros en la caballería, su valor y disciplina en la batalla eran celebres. A tal punto que entre los soldados franceses se decía que «no habían combatido con hombres sino con diablos». Fue durante las guerras en Flandes que lograron una de sus victorias legendarias.

Corría el año 1595, el Tercio de Zamora a las órdenes del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla defendía la plaza de Bommel, una pequeña ciudad situada entre dos ríos. Los Tercios se vieron obligados a ceder terreno hasta quedar atrapados en un pequeño monte, rodeado completamente por cursos de agua.

Sitiados y asediados por la flota Holandesa, el almirante Holak ofreció a los Tercios una rendición negociada. La respuesta de los Tercios no se hizo esperar...

"Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos"

Todo estaba entonces decidido. La flota holandesa esperaría el momento para atacar. Mientras tanto los soldados de los tercios comenzaron a preparar la defensa y a cavar trincheras, cuando uno de los soldados encontró enterrada una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción. Entonces los soldados colocaron la imagen a modo de altar y le rezaron.

Al alba, una fría tormenta hizo que las aguas que rodeaban el lugar se helasen, de modo que los tercios, sorprendiendo a las tropas holandesas, lograron alcanzar los navíos y fuertes enemigos caminando por el río helado. Una vez allí derrotaron a las tropas que les situaban.

Fue entonces, tras esta inesperada y clara derrota cuando el almirante Holak pronunció las famosas palabras...

"Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro"

Milagro o no, la batalla de la isla de Bommel parece sacada de una novela de aventuras. Pero no, los que allí lucharon y murieron eran hombres a los que el destino tristemente había enfrentado, creando una de las mas heroicas y dramáticas páginas de la historia.

Carlos de Amésquita

En 1595 el capitán Carlos de Amésquita surcó el atlántico rumbo a las costas Inglesas. Al mando de cuatro galeras, 400 arcabuceros y algunos piqueros, desembarcó en la bahía de Mounts en Inglaterra y se adentró en aquellas tierras tomando las plazas de Mousehole, Newlyn y Church Town entre otras poblaciones, así como el fuerte ingles de Penzance, defendido por 1.200 soldados ingleses.

Ya en retirada, Amésquita burló al ejército inglés de refuerzo y a la flota de la reina Isabel. Y en alta mar, destruyó varios barcos holandeses durante su vuelta al puerto de Blavet.

Este hecho victorioso y otras batallas obligaron a Inglaterra a firmar la paz en el Tratado de Londres. Un tratado favorable a la corona española pero por el cual, España renunciaba a la invasión de Inglaterra.

Luis Váez de Torres

Marino y explorador del Pacífico sur.

La Corona española organizó tres viajes entre 1565 y 1605, intentando descubrir la mítica Terra Australis, un continente situado hacia el sur del océano Pacífico.

Váez participo como segundo al mando en la tercera expedición. Junto a Pedro Fernández de Quirós, descubrió las islas del archipiélago de Nuevas Hébridas a las que Quirós llamó Australia del Espíritu Santo, mezclando las palabras Austral, en alusión a la mítica Terra Austrialis y Austria, en honor de la casa reinante en España, recibiendo así Australia su nombre. En este viaje Váez exploró las islas y mares de la zona, siendo el primer navegante en cruzar el estrecho que separa Australia de Nueva Guinea y que lleva su nombre, Estrecho de Torres.

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